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La divinidad está en ti, no en conceptos o en libros; la belleza está en los ojos y corazones que la ven, no en las cosas.

En la búsqueda por ese ser o fuerza maravillosa encontré que lo tenemos más cerca de lo que suponemos y que nos da prueba de su poder, grandeza y amor a cada paso, hoy he querido compartir esto con todo aquel que lo quiera recibir, ciertamente lo que diré a continuación no es más que una reflexión pero que cada que me ocurre hace que mi piel se erice y mis ojos se humedezcan.

Cuando salgo en la noche y mis ojos miran una estrella, esto que veo es la luz emitida por un cuerpo hace millones de años, es tal la distancia que la separa de nosotros que ese cuerpo que la emitió es casi seguro que ya no está ahí, es decir PUEDO VER LO QUE NO EXISTE. Por otro lado, al voltear a un punto obscuro del firmamento es muy posible que ahí ya este una o varias estrellas, pero volviendo a lo mismo; es tal la distancia que las separa de nosotros que su luz aun no nos llega, es decir NO PUEDO VER LO QUE SI EXISTE. Esta forma de jugar con el tiempo y el espacio me parece maravillosa y mágica y ciertamente solo puede ser obra de un ser muy poderoso y que es todo amor y toda paz y no puedo menos que estremecerme y reconocer cuan pequeño soy ante cosas tan maravillosas, gracias muchas gracias dios mío, naturaleza, fuerza cósmica, todo poderoso o como sea que prefieras que se te denomine.

Pareciera ser que aquellos que anuncian que luchan en favor de Dios son siempre los hombres menos pacíficos de la Tierra. Como creen percibir mensajes celestiales, tienen sordos los oídos para toda palabra de humanidad.

hace muchos años tuve la oportunidad de leer a un excelente filósofo italiano llamado Giovanni Papini, quién hace una verdadera alegoría de todas las religiones del mundo, las explica y busca puntos débiles y fuertes y casi al final de más de mil páginas escribe algo que estremece y que es muy, muy profundo dice más o menos así: el ser humano juega a entender a dios y ciertamente no lo lograra en su estado evolutivo actual, el intentar comprender a esa fuerza maravillosa equivale a que a un bebe recién nacido le queramos enseñar algebra, y no la entenderá, el álgebra está ahí y él bebe también pero no es capaz de comprenderla sino hasta que crezca, así nosotros entenderemos la MAGIA DE DIOS solo cuando crezcamos evolutivamente hablando.

Cuánta razón en la reflexión de este escritor y cuanto amor encuentro yo en las estrellas, quienes también son mi madre, porque yo, yo soy hijo de una estrella solo que ese es tema para otra noche de reflexión.

El hombre es una infinitamente pequeña copia de Dios. Bastante gloria es ésta para el hombre. A pesar de mi pequeñez, reconozco que Dios está en mí, Dios quiere que seamos capaces de amar y de ser amados, quiere que maduremos, y yo sugiero que precisamente porque Dios nos ama nos concedió el don de sufrir; o por decirlo de otro modo: el dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos; porque somos como bloques de piedra, a partir de los cuales el escultor poco a poco va formando la figura de un hombre, los golpes de su cincel que tanto daño nos hacen también nos hacen más perfectos.

Heriberto Paz

El Autor Heriberto Paz

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