“La realidad siempre me supera”

“La realidad siempre me supera”

Hasta que exista un cambio verdadero en México, “la realidad que aquí se vive seguirá siendo una fuente interminable para hacer películas que hablen sobre sus grandes problemas”, señaló el cineasta Carlos Carrera, cuya cinta Ana y Bruno acaba de ser reconocida en España con el Premio Quirino a la Mejor Película Iberoamericana de Animación.


“Todo lo que pasa es una rica fuente de temas e historias. Aunque el cine, más bien, refleja historias particulares de personajes concretos, en el caso mexicano casi siempre están presentes sus problemas sociales”, sostuvo el cuatro veces ganador del Premio Ariel, máximo reconocimiento que entrega la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMACC).


El director de La mujer de Benjamín (1991) —su ópera primera—, afirmó que el cine que se hace en México no se ha cansado de tocar y explotar sus problemas, como la violencia y la corrupción. Ejemplo de ello, dijo, el documental La libertad del diablo (2017), de Everardo González, “el cual habla terriblemente de la situación de México, de una manera cruda y donde se percibe la complejidad del problema”.


Carrera señaló que el cine “hace lo suyo, lástima que esas películas no lleguen a más público, porque realmente son un espejo donde podemos ver nuestros problemas y, además, son un espacio para la reflexión, para ver qué se nos ocurre para que, desde nuestro lugar, podamos mejorar la cosas”.


Aunque el realizador no pudo estar presente en España para recibir el Premio Quirino, su filme Ana y Bruno es considerado como el proyecto mexicano más ambicioso y mejor logrado en la historia del cine de animación.


“Agradezco mucho el premio y me parece extraordinario que existan este tipo de reconocimientos iberoamericanos, porque además de congregar a los animadores de la región, son un gran estímulo para continuar en esta labor, y nos sirven como una gran ventana para que la gente de todo el mundo se entere de las películas que estamos haciendo”, comentó.


Con una duración de hora y 35 minutos, Ana y Bruno cuenta la historia, algo macabra, de una niña que escapa de un hospital psiquiátrico con la ayuda de los seres imaginarios que ven los pacientes. El filme se estrenó en el marco de la edición 41 del Festival Internacional de Cine de Animación Annecy, el más importante del mundo.


“Cuando empezamos a hacer la película, pensamos que iba a ser más fácil el financiamiento, pero uno de los socios se salió y hubo problemas económicos. Si de por sí con financiamiento es complicado hacer un largometraje animado, imagina lo que es hacerla con el dinero a cuentagotas”, señaló Carrera.


Agregó que, en promedio, un filme animado se lleva unos tres años y medio de trabajo real, mientras que él y su equipo la hicieron en cuatro años y medio, “pero fue por etapas, es decir, cada que conseguíamos un poco de dinero avanzábamos. Se nos terminaba y parábamos. Volvíamos a conseguir, avanzábamos otro poco. Y así nos la llevamos. En total, ya pasaron más de 11 años desde que iniciamos el proyecto hasta el día de hoy, y aunque ya está terminada y la hemos proyectado en festivales, muestras y funciones especiales, todavía no se ha podido estrenar comercialmente para el público”.