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Al amor lo matas cuando ocupas desinteresadamente el extremo de una lancha desnivelada y no atiendes la armonía, el orden, los detalles y el itinerario durante la travesía.

Matas al amor cuando la balanza pesa más en uno de los lados y no intervienes para nivelarla, acaso por descuido, probablemente por orgullo, quizá por tus ocupaciones y asuntos pendientes, tal vez por desinterés.

Asesinas al amor cuando pierdes la emoción, el asombro, la alegría, la frescura y la ilusión. Una mañana, una tarde o una noche cualquiera, abres la puerta a la indecisión, al coraje, a las dudas, a la intolerancia, al coqueteo, a la infidelidad, al hastío, y pierdes para siempre los abrazos del amor.

Conduces el amor al patíbulo cuando transformas tus encuentros no en oportunidad para expresar tus sentimientos y ser muy feliz, como mereces, sino al aplicarles la ponzoña de la cotidianeidad, rutina y monotonía.

El amor agoniza cuando tu enamoramiento inicial se vuelve costumbre y los detalles de cada día son envueltos por el peso del compromiso. El sentimiento más sublime queda envuelto en sábanas cubiertas de máculas.

Aniquilas el amor cuando acudes a las citas con desgano y sustituyes la belleza y el perfume de las flores por el rencor y veneno de los abrojos que imponen tu mente y corazón.

Sentencias al amor cuando otra persona te parece más atractiva o interesante, lamentas las oportunidades que despreciaste ayer o esperas a quien imaginas ha de llegar mañana a tu encuentro.

Acudes al funeral del amor cuando las coincidencias son motivo de rivalidad y las diferencias causan discordia y abren fronteras inquebrantables y abismos insondables y peligrosos, en vez de que los primeros fortalezcan y los segundos enriquezcan.

Derrumbas al amor cuando impides el paso a las explicaciones, la tolerancia y las disculpas, y abres la compuerta de la duda, los enojos, las discusiones y el resentimiento. El amor no se diluye por pensar que no lo merece una persona ni por asegurar que la otra parte es farsa o ilusión, como tampoco por entregarle cada día una alta dosis de detalles y sentimientos; al contrario, desfallece por la ausencia de luz y vida.

Entierras al amor cuando abundan las palabras y se ausentan las acciones, o viceversa, al convertirse los hechos en soberanos y desterrar las expresiones. La cripta del amor se construye por medio de indiferencia.

No muere el amor por la abundancia con que se expresa; se extingue por la miseria de sentimientos, por no demostrarlo aunque se sienta, por la fuga de la comunicación y confianza. El exceso de amor no es causa de finales tristes, menos cuando existe total armonía entre dos seres.

Sabes que el amor murió definitivamente cuando al dormir o al despertar, ya te sientes solo porque no te acompaña quien antes alumbraba tus días y era tu ilusión cotidiana, quizá con el sueño de juntos recrearse en la eternidad.

Etuqietas : Amormatar al amor
Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El Autor Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Escritor y periodista. Desde 1988, ha publicado artículos, notas informativas, reportajes y columnas en diversos medios de comunicación, principalmente del estado de Michoacán. Como escritor, ha publicado cuatro libros...

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