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Mientras tú no estabas, caminé por los sitios que frecuentamos, quizá para seguir tus huellas con la mirada y así acompañarte con mis pensamientos y sentimientos, o tal vez con la intención de recolectar flores que posteriormente dispersé en los rincones de la casa para recibirte con la misma alegría e ilusión de la primera vez que te vi y decidí amarte.

Al no tenerte cerca, ocupé el tiempo que te dedico a escribir poemas, contar estrellas, abrazar un árbol, coleccionar hojas y hundir los pies en el barro, en el río, para sentir el pulso de la creación e inspirarme en lo que hago.

Iba al jardín, a la alcoba, a la cocina, al desván, a nuestra banca de madera, durante la brevedad de tu ausencia, seguramente para llenarme de ti, impregnar mi ser con la fragancia de tu perfume, sentir las caricias que siempre me das, probar los sabores de las recetas que preparamos, escuchar el eco de nuestras risas y hasta la música y los juegos que disfrutamos.

Me percaté, cuando no estabas, que adelante se encontraba el horizonte y podía, en consecuencia, seguir mi camino, como siempre lo hago; pero recordé que tú contribuyes a dar un sentido bello y sublime a mi vida, un itinerario esplendoroso e inolvidable a mis días, sin que nuestra historia se convierta en una serie de grilletes y mazmorras rutinarias.

Admito que siempre he navegado sin necesitar anclaje y también he volado mucho ante la ausencia de un nido; pero contigo, musa mía, confieso, igualmente, que el viaje resulta más grato e intenso, probablemente porque dos almas como las nuestras se reencuentran y deciden compartir sus coincidencias y diferencias, todo lo que son, con lo que se enriquecen y fortalecen eternamente en un amor incomparable.

Oí las voces del silencio, los rumores del universo, mientras tú no estabas, hasta que entendí que cada uno venimos a probarnos al mundo, que la evolución es individual y que la persona amada, cuando llega, es compañía fiel para alcanzar la inmortalidad con mayor alegría e ilusión.

No niego que cuando permanecí solo, en casa, seguí con mi historia, con lo que soy, seguro que donde te encontrabas, también continuaste protagonizando tus capítulos, con lo que eres, como símbolo del amor y la confianza que nos une e identifica.

Recuerdo que mientras andabas en otra parte, asomé al espejo y descubrí tu reflejo sin que tu encanto significara una sombra o un maquillaje en mi rostro, porque nunca se ha tratado de suplantar apariencias e identidades, sino de reafirmar, al mirarnos, nuestro enlace de amor y sentirnos uno al lado del otro.

Gracias a tu breve ausencia, supe lo que es extrañarte y valoré el amor que ambos descubrimos y atesoramos en nuestros corazones. Comprendí que la vida continúa y que uno debe seguir en la jornada sin dependencias; pero también aprendí que cuando dos personas coinciden en el sendero, como tú y yo, el arcón del amor se abre en algún rincón del cielo, en un sitio recóndito del paraíso, para irradiar una brillantez tal que ilumina, igual que un faro, el itinerario. Y es lo que hacemos cotidianamente, escalar cada uno con lo que tenemos, pero siempre mirándonos tiernamente y dándonos las manos para apoyarnos, no resbalar al abismo y llegar juntos a la cima más plena.

Imagino que si continuamos en el ascenso, como lo hacemos, finalmente llegaremos a la cumbre, donde sin duda podremos descansar en una banca, en el césped, recargados en un árbol frondoso, para mirar los capítulos y las huellas que plasmamos y compartimos durante la fugacidad de nuestros días existenciales, y contemplar, a la vez, el jardín más hermoso, en el que seremos protagonistas de una historia sublime y sin final.

Esa ausencia ocasionada por nuestras ocupaciones cotidianas, me enseñó que tú y yo estamos unidos no por necesidad apremiante de compañía o placer, ni por la ingrata conveniencia, sino porque nuestros  corazones se enamoraron plenamente y desean latir al unísono de la eternidad sin interrumpir, desde luego, la evolución y el desarrollo de cada uno. Las horas de ausencia nos enseñan a entregar lo mejor de nosotros en lo que hacemos, en lo que somos; aunque también ofrecen la dicha, el estímulo, la esperanza y la ilusión que provoca un amor como el nuestro.

Etuqietas : Amorausencia
Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El Autor Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Escritor y periodista. Desde 1988, ha publicado artículos, notas informativas, reportajes y columnas en diversos medios de comunicación, principalmente del estado de Michoacán. Como escritor, ha publicado cuatro libros...

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