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Ayer, mientras disfrutaba tus juegos y tu sonrisa, pensé que si algún día tuviera que despedirme de ti, asomaría por última vez a tus ojos para mirarme retratado y nunca olvidar la imagen a tu lado.

Me zambullí en mis pensamientos, en mis ideas, para suponer que si alguna vez tuviera que partir lejos, pasaría sutilmente mis dedos sobre el contorno de tus labios y así raptaría tus besos, me los llevaría de recuerdo para consolar mis horas de desolación.

Anoche, al soñarte, me pareció creer que si en un minuto imprevisto me marchara, tendría que llevarme tu voz para escucharte en el camino y no sentirme tan solo.

Nunca había considerado que si tuviera que irme, deambularía lejos, extraviado no sé dónde, porque ya no me acompañaría tu mirada ni tendría tus manos unidas a las mías.

Imaginé, cuando hablabas, que si mi despedida fuera irremediable, guardaría mis lágrimas para sentirlas rodar en mi rostro y recordar los otros días, los de antaño, cuando me consolabas y las retirabas durante mis momentos de tristeza.

Me encantaría saber que nunca me iré y que no habrá despedida, pero si así fuera -oh, la vida es breve, parece un sueño-, llevaría conmigo tus manos para que me acaricien y me transmitan tu calor.

Guardaría en mi memoria, si me fuera, tu rostro bello, y en mis sentidos conservaría la fragancia de tu esencia, el sabor de tus besos, tu aliento y el tono de tu voz.

Obtendría, si me fuera por alguna causa, una caja de cristal para conservarte en miniatura y llevarte conmigo a otros parajes, a un mundo diferente, a paraísos inventados donde reviviría nuestra historia inolvidable.

Iría, si me despidiera, muy despacio. Haría pausas, no lo niego, con la esperanza de que me alcanzaras emocionada, alegre e ilusionada, o me esperaras en la banca de una estación solitaria.

Raptaría tus palabras, tu sonrisa, tus labios, tu rostro, tus manos y tus ojos si un día, por algún motivo, tuviera que partir, acaso para consolarme, quizá con la finalidad de recrearme con tu recuerdo, tal vez porque todos los días, ilusionado, soñé que tú y yo siempre seríamos uno.

En caso de que un día, por alguna causa, tuviera que despedirme de ti, agradecería tus detalles, el tiempo que me regalaste, tus besos, los juegos que arrancaron nuestra risa, los paseos, tus palabras. Me miraría en tus ojos y cerraría el libro que juntos, tú y yo, escribimos, seguramente con la petición de que dejes las páginas en blanco con el objetivo de plasmar capítulos insospechados cuando llegues al sitio donde te esperaré. Si un día me fuera de tu lado, por algún motivo, nunca olvides que contigo aprendí que el amor es lo más maravilloso del universo. Si alguna vez tuviera que partir, seguramente cargaría en mi mochila de artista una libreta para dibujarte y evitar así las heridas de la soledad.

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Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El Autor Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Escritor y periodista. Desde 1988, ha publicado artículos, notas informativas, reportajes y columnas en diversos medios de comunicación, principalmente del estado de Michoacán. Como escritor, ha publicado cuatro libros...

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